Todas las mañanas, nada más levantarse, lo primero en lo que pensaba era en ella. Desde enero ocupaba una habitación distinta, pero ya se había acostumbrado. Ya no le era extraña, y casi desde aquellas mismas fechas, ella también le resultaba diferente. Había sido durante aquella noche, en que por primera vez había acariciado su piel, cuando su rostro durmiente le había conquistado.
Todas las noches, antes de dormirse, se acordaba de su buhardilla, de los momentos que habían pasado juntos, de su cama y de su pelo recogido poco antes de acostarse. También de su pijama y de los dedos de sus pies. Se la imaginaba durmiendo. Olía bien y habría querido besarla.
Aquellas mañanas, durante cuatro meses, fueron las mejores de su vida. Por fin, el sol entraba por la ventana y se levantaba con ganas. Tenía un sitio hacia el que ir. Sus mejores deseos, lo mejor que llevaba dentro eran su obsequio hacia ella.
En el garaje, nada más entrar al coche, metía el disco y subía al máximo el volumen. Por esos dos minutos él la sentía muy cerca. Siempre el mismo recorrido, siempre parando en el mismo lugar; siempre escuchándola por segunda vez... Siempre la misma canción. JONI fue aquella felicidad y, para siempre, sería aquel tiempo. Para el resto de sus días, JONI sería ella; para él, desde entonces, JONI sería una etapa imborrable.
sábado, 26 de septiembre de 2009
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17 de septiembre de 2009, jueves.
ResponderEliminarhttp://www.youtube.com/watch?v=S4bYeb6lsRI
ResponderEliminarDe nada pareja.
Enhorabuena por vuestro blog.
Sois los mejores. Ella se lo pierde...
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