martes, 24 de noviembre de 2009

Las apariencias no engañan.

De todas las cualidades que una persona debe tener, la principal, sin duda, debe ser la fachada o la apariencia, que lo importante no sea lo que eres sino lo que pareces. Para eso, para poder mantener el personaje y que todo el mundo crea que eres lo que están viendo, es esencial tenerlo todo bien atado. Y es por ello para lo que, por supuesto, existen una serie de palabras que nunca fallan y que deslizadas en el momento preciso, harán que todo el auditorio, por exquisito que sea, caiga rendido a tus pies y se quede embelesado.

Veremos a continuación unos ejemplos...
Que un día la cosa se lia y se empieza a hablar de jardineria, tus comodines deberán ser palabras como trepadora, compos, sustrato enriquecido o retoñar. Que por hache o por be, acabamos en el bricolaje y te ves contra la pared vilmente acosado, no olvides que siempre te quedará decir que se debe repasar la superficie o avellanar el agujero. Destacarás en todo momento si hablas de arandelas, barniz o llaves fijas, y te coronarás de modo rotundo si gritas que hay que percutir el hormigón, enrasar y luego nivelar con masilla reparadora.

Todo esto es cierto, pero un verdadero artista como ese que estás aparentando ser no puede detenerse en la madera o en las plantas. Si se habla de coches, preguntarás cuánto consume o si es diesel o gasolina. Si vas en uno, por trasto que sea, mascullarás entre dientes "este coche tira" y si se da la circunstancia de que presencias una avería, si bien JAMÁS deberás ayudar ni bajar manchándote las manos, sí tendrás que dejar caer, como si te lo dijeras a ti mismo, que puede ser "problema de transmisión" o "algo de caja de cambios". Todo ello sin utilizar los artículos y siempre hablando con frases cortas y susurradas, tirando la piedra y escondiendo la mano.

Otra de las artes en que deberías moverte con soltura aún sin tener ni puta idea, sería el amplísimo universo musical. Que te invitan a un concierto de música clásica, sigues la melodía con las manos. Que es de piano y no tienes ni idea, haces como que tocas las teclas en tu rodilla. Que hay un estupendo violín, te dedicas a mover los dedos como si presionaras las cuerdas de uno invisible. Todo ello con los ojos cerrados y negando con la cabeza cuando creas que hay que dejar claro que el concertista se está equivocando. Si hay que usar nombres propios, un melómano de mentira como tú, jamás dirá Mozart o Vivaldi, sino que citará a Mahler o Strauss. Y si se acabara charlando de jazz, es esencial que los nombres que uses sean sonoros y rotundos y en vez de decir que te gusta la música de Chet Baker, dirás que te encanta "su trompeta". Si se está criticando un disco, usarás adjetivos como impostado o epidérmico, sin olvidar el muy socorrido engolado. Por último, y esto lo dejo para el final como cumbre del refinamiento, si lo que de verdad quieres, si tu verdadero objetivo es convertirte en un mito y trascender, debes reservarte para ese momento lo mejor de tu repertorio, tu última bala, y cuando todo parezca perdido, usarás tu mejor arma y suspirando con aplomo y seguridad, con una pausa valorativa y mirada alánica al horizonte, reclinado en el sofá, exclamarás:

PERO COMO TRANE... NINGUNO.

8 comentarios:

  1. Jajaja, qué bueno chicos. Cómo recordaré vuestras anécdotas y enseñanzas varias cuando llegue de nuevo al Himalaya.

    ¿Nos vemos en Katmandú?.

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  2. Ahora mismo acabo de comprender muchas cosas del fin de semana..

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  3. Jesús, cuando llegues de nuevo al Himalaya, en vez de recordar tanto nuestras anécdotas, dedícate a escalar de verdad, que no eres más que una vergüenza para los de tu especie.
    Un vago, un cobarde,un maleante de la montaña.

    PD: Por supuesto que no, no nos veremos en Katmandú.

    Joji

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  4. No me esperaba esto de ti Joji. Las buenas migas que hicimos en la subida al Lhotse del 99... Me has dejado sin palabras.

    De todos modos, que sepas que tienes a un amigo esperando cuando quieras pasarte por el Bierzo.

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  5. Ya sé un sitio al que no acudir. Gracias Jesús.

    Bikar

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  6. ¿Tú también, Bikar, tú también?
    Tenía tanto que daros, tantas cosas que contaros, tenía tanto amor...

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